Pablo Barros y Felipe Imhoff: 'El registro de la propiedad industrial es fundamental para el desarrollo del país'

La dupla de arquitectos de la U. Santa María, que acaba de proteger un innovador sistema constructivo, considera que éste es un camino para contribuir a sacar a Chile de su actual condición de exportador de materias primas sin valor agregado.

Es poco habitual que los arquitectos estén involucrados en temas de propiedad industrial, pero Pablo Barros y Felipe Imhoff -ambos académicos de la U. Santa María- rompieron esta inercia y patentaron un sistema constructivo de viviendas económicas de un piso, que utiliza la tierra cruda como materia prima.

Pablo Barros y Felipe Imhoff
Pablo Barros y Felipe Imhoff

Su bajo costo, estabilidad térmica y ser amigable con el medio ambiente, son las principales características de esta innovación, la que recientemente obtuvo su patente de invención en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI).

'Desde hace dos años venimos investigando y ensayando distintas alternativas de sistemas constructivos basados en el uso predominante de tierra cruda. Finalmente derivamos en uno que consiste en un muro de suelo / cemento compactado con refuerzos verticales de acero y con un elemento horizontal en madera de coronamiento superior', explica Pablo Barros.

Para diseñar este sistema, lo primero que hizo la dupla de arquitectos fue analizar los distintos sistemas constructivos en tierra tradicionales, como el adobe, la quincha y el tapial, y sus respectivas fortalezas y debilidades. 'Nos decidimos por este último y nos enfocamos en mejorarlo. El tapial es un sistema de construcción muy antiguo, que consiste en un encofrado donde se van vaciando y compactando capas de tierra de cada aprox. 30 centímetros. Basándonos en este sistema, es que surge la idea de hacer suelo cemento compactado, es decir, estabilizar la tierra y mejorar sus propiedades mediante la inclusión de cemento, sistema bastante utilizado en otros países como Australia y Alemania', detalla Felipe Imhoff.

Por un tema de seguridad sísmica, este sistema de construcción está orientado sólo a viviendas de baja altura. Además, fue pensado para la autoconstrucción y es capaz de adaptarse a cualquier diseño posible que desarrolle un arquitecto, pues se obtiene un muro con su superficie inmediatamente terminada, lo que significa un gran ahorro de mano de obra.

Dado que el insumo principal es la tierra, el factor climático es clave en su implementación. 'Es un sistema que funciona mejor desde luego en climas cálido-secos y, por lo tanto, su rango de mercado tiene un 100% de aplicabilidad de Santiago hacia el norte del país. Esta tierra, además, requiere de ensayos de laboratorios para verificar si su composición es la más adecuada para construir un muro compactado. No obstante, sigue siendo un material sumamente barato y sólo se le añade una baja dosis de cemento del tipo portland para mejorar sus propiedades químicas y mecánicas', agrega Barros.

La principal novedad de este sistema consiste en los refuerzos verticales y en su coronamiento. 'Es ahí donde centramos nuestros ensayos de laboratorio, para determinar de qué manera este sistema era más estable a un esfuerzo horizontal, identificándose el amarre superior con un refuerzo en la esquina, cómo la solución más eficiente', puntualiza Imhoff.

Además de su bajo costo, otros de los beneficios de este sistema es el control de la temperatura, ya que actúa como un excelente regulador térmico que capta el calor durante el día y lo libera en la noche, y su bajo consumo energético, dado que en muchos casos la tierra no requiere ser transportada y su base de producción contempla sólo apisonarla mecánicamente, a diferencia de lo que ocurre con otros materiales. Todo esto permite que sea amigable con el medio ambiente, dado que la huella de carbono que genera es menor que la de otros materiales.

Con esta innovación entre manos, ambos profesionales se dieron cuenta que los arquitectos también tenían algo que decir en cuanto a la innovación tecnológica y, en especial, respecto del modelo I+D+i hoy planteado a través de lo que en el ámbito de la OCDE se ha llamado como la tercera misión. 'Esperamos que esta experiencia motive a otros colegas a atreverse en la aventura del patentamiento', dice Barros, al tiempo que Imhoff agrega que 'pensamos que el registro de la propiedad industrial resulta fundamental para el desarrollo del país, en especial para contribuir a sacarlo de su actual condición de exportador de materias primas sin valor agregado'.